Historia

El término es rico en yacimientos arqueológicos de todas las épocas. El origen de Benifallim, como su nombre indica, es musulmán, iniciado tras la conquista islámica y formado posiblemente a partir del asentamiento de pobladores procedentes de tribus bereberes del norte de África. Tras la conquista cristiana, según el ‘Llibre del Repartiment’, el territorio fue concedido por el rey Jaime I a Ximén López de Foces y a Blasc Pérez d’Azlor. Más adelante, el 19 de febrero de 1263, Ximén López de Foces permuta estas propiedades con Ximén Pérez d’Orís por otras en Aragón. El 28 de abril del 1258 el rey Jaime II otorga a Ade de Paterna la alquería de Benihalim, situada en el término de Penáguila.

Posiblemente el lugar quedó despoblado a consecuencia de las sublevaciones mudéjares de finales del siglo XIII, por esto el 20 de noviembre de 1316 Bernat de Cruïlles, señor de Penáguila y de Castalla, otorga carta de poblamiento por la cual concedía heredades a treinta pobladores. El 23 de julio de 1317 el rey Jaime II cede Benifallim, junto con otros lugares, a Violant de Grecia por un precio de cien mil ‘sous’. La parroquia continuó estando anexa a la de Benilloba hasta 1535.

En el siglo XIV, después de las Cortes del 1328, Benifallim se convierte en un señorío alfonsino, el rey Alfonso II concedió un privilegio a todos los futuros señores valencianos que tuvieran un número mínimo de 15 casas de cristianos o 7 de mudéjares dándoles así la jurisdicción civil. Su territorio está incluido en el de realengo de la villa de Penáguila.

Benifallim participa, junto con Penáguila, en el movimiento agermanado, se incorpora en marzo de 1521 y abandona en agosto del mismo. El año 1564 el lugar pertenecía a Pere Castelló y seguía en manos de la misma familia en 1609, año en que contaba con cuarenta casas de cristianos viejos.

Entre las Cortes de 1626 y las de 1645 el señor de Benifallim solicita a la Corona la jurisdicción baronal para poder ejecutar y dictar sentencias sobre sus vasallos, se le concede y se segrega de Penáguila pasando de esta manera a tener un territorio propio.

Un hecho trascendental en el siglo XVII para todo el País Valenciano y en concreto para las zonas montañosas del interior fue la expulsión de los moriscos que estaban dedicados al trabajo del campo. La expulsión supuso una pérdida sustancial de población y también una pérdida de ingresos procedentes de la agricultura, numerosos campos quedaron sin cultivar. Posteriormente y para paliar los efectos de la expulsión se impulsó el proceso repoblador con gentes procedentes del resto del reino y de la Corona de Aragón.

Los datos relativos a la evolución demográfica son ya del siglo XVIII: la primera es la visita pastoral del 1732 que señala la existencia de cincuenta casas y ciento sesenta personas, la segunda en 1797 que le atribuye ciento veinte vecinos. El máximo de habitantes se consigue durante el siglo XIX llegando a contar con casi un millar para perder nivel poblacional a partir del año 1900 con el traslado a la vecina población de Alcoy.

Los habitantes actuales se dedican en menor medida a la agricultura y se orientan hacia actividades y trabajos relacionados con el sector servicios.